| Autor : | Neruda, Pablo |
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Título : | El libro de las preguntas.Selección |
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Editorial : | Andrés Bello |
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ISBN : | 956-13-0705-7 |
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Formato : | 18 x 26,5 cm |
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Páginas : | 30 |
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Observaciones : | Impreso en papel satinado, a todo color. |
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Precio (US$) : | 7.05 |
La filosofía griega descubrió que la sabiduría nace del asombro. Sólo quien admira puede inclinarse hacia la realidad y sorprenderla en sus secretos, en su riqueza, en su plenitud. Las preguntas surgen entonces como un punto importante en el largo camino que va desde el pasmo hasta el conocimiento y, más, hasta el gozo del conocer.
No está de más recordar estas verdades (sencillas y hondas) en un mundo que parece haber perdido la capacidad de maravillarse. Mundo al que todo parece natural, desde el nacimiento de un niño hasta el ocaso del día, el cambio de las estaciones o una sinfonía de Beethoven. El hombre de hoy, peligrosamente acostumbrado a los portentos diarios, no se sorprende por nada. Si esto ocurre con las cosas grandes, ¿cuánto más ocurrirá con lo trivial y cotidiano, con lo pequeño?
Una vez más, la poesía acude para ayudar al ser humano. Lo invita a que abra bien sus ojos, a que extienda sus manos y afine el oído. Lo llama a ver, a palpar, a escuchar de corazón. Es una invitación a sentir y a tomar el sabor (saber y saborear) de cuanto sucede aquí y allá, ahora y antes o después, dentro y fuera de uno.
A través del chileno Pablo Neruda (1904-1973), la poesía se enfrenta con lo que muchos creen conocer y en realidad ignoran.
Sin avergonzarse, indaga ingenuamente por causas y efectos, por las asociaciones extrañas, por el imán que habrá debajo de la tierra, hermano para siempre del Otoño. Valga un par de ejemplos tomados al azar:
¿Por qué otra vez la Primavera ofrece sus vestidos verdes?
Es el viejo método socrático de alumbrar con no más que interrogaciones certeras y más o menos obvias, en todo caso necesarias. Alumbrar equivale a dar a luz, a hacer que surjan facetas olvidadas de la realidad.
Es la sabiduría que nace sin prisa y sin angustia desde la honda verdad de cada cosa. Bastó mirarlas y admirarlas, detenerse ante ellas, preguntarles qué son y por qué y para qué existen. La respuesta, de alguna manera, está en la misma pregunta.
Son preguntas formuladas con la humildad del hombre que, confiando en sí mismo, no se avergüenza de su ignorancia, precisamente porque desea salir de ella.
Afanoso del saber, acosa preguntando. Y es que primero estaba acosado su espíritu por la maravilla de cuanto lo rodeaba. La humildad que a la postre se confunde con el reconocimiento de la verdad no es razón de bochorno; antes, paradójicamente, de creativo orgullo.
Son preguntas de un poeta, y, que por lo mismo, ocurren en el plano artístico antes que en el plano moral. Apuntan a un blanco estético. No deben relacionarse, así, con otros grandes cuestionamientos de la lírica, por ejemplo los de Jorge Manrique: "Qué se hizo el rey don Juan/ los infantes de Aragón/, qué se hicieron?" Neruda queda, podría decirse, en un plano lúdico, desinteresado.
Hay una suerte de gratuidad encantadora en cada una de sus preguntas. Recuerda, por seguir en el ámbito de la poesía española, algún decir de Juan Ramón Jiménez: "Cantan, cantan, cantan/ ¿dónde cantan/ los pájaros que cantan?" Las repeticiones de palabras cumplen funciones eufónicas, de claridad, de mero juego:
A veces hay una ligera concesión al decir trivial, a la frase hecha:
Este es un libro para todos, pero de modo preferente para los jóvenes aún no contaminados con el smog del aburrimiento, del cual no suelen salir sino con estímulos artificiales. ¿Qué más estímulo que mirar asombrados la realidad que los rodea? Libro que servirá también para cumplir esa octava bienaventuranza de que hablaba Unamuno: despertar al dormido. Y mucho de dormidos ante las maravillas de la vida, por desgracia, tenemos todos.
HUGO MONTES BRUNET
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